Hay preguntas que nos hacen constantemente en Catacata, pero pocas generan tantas dudas como esta:
¿Caduca el té? La respuesta corta es sí… y no.
El té no suele estropearse de la misma forma que un alimento fresco. No aparece moho de la noche a la mañana, ni se vuelve peligroso para el consumo por el simple paso del tiempo. Sin embargo, hay algo que sí pierde inevitablemente: su frescura.
Y si existe una categoría de té especialmente sensible al paso de los meses, esa es el té verde.
Por eso hoy hemos decidido hacer algo que llevábamos tiempo queriendo probar: preparar dos Longjing y compararlos en una cata directa. Uno era un Longjing de temporada, fresco y bien conservado. El otro era un Longjing muy antiguo, olvidado desde hacía años.
Queríamos comprobar hasta qué punto el tiempo transforma un té verde tan emblemático.
Y la diferencia ha sido mucho más evidente de lo que esperábamos.
El mismo té, dos momentos distintos
El Longjing es uno de los tés verdes más famosos de China. Se elabora mediante un proceso que detiene la oxidación de las hojas poco después de la cosecha, preservando aromas frescos, vegetales y delicados.
Pero precisamente ahí reside su gran fortaleza… y también su debilidad.
Al no estar oxidado, el té verde conserva una enorme cantidad de compuestos aromáticos muy volátiles. Son esos compuestos los que aportan las notas de verduras tiernas, flores, frutos secos y la sensación de frescura tan característica de un buen Longjing.
Con el paso del tiempo, esos aromas empiezan a degradarse lentamente.
Para nuestra prueba utilizamos dos muestras preparadas exactamente igual:
- Misma cantidad de té.
- Misma temperatura de agua.
- Mismo recipiente.
- Mismo tiempo de infusión.
La única diferencia era la edad del té. Desde el momento en que abrimos los paquetitos ya empezó a quedar claro lo que iba a ocurrir.
El Longjing fresco desprendía un aroma limpio y vivo, con notas de castaña, vegetales dulces y ese carácter primaveral tan típico de los grandes tés verdes chinos.
El Longjing antiguo, en cambio, apenas ofrecía intensidad aromática. No olía mal. Simplemente parecía cansado. Como si alguien hubiera bajado el volumen de la música.
La cata comparada: cuando la frescura desaparece
Al observar las hojas secas ya podían apreciarse algunas diferencias.
El Longjing de temporada mostraba colores más vivos y una apariencia más brillante. El té antiguo presentaba tonos más apagados y una sensación visual menos vibrante.
Pero donde realmente apareció la diferencia fue en la taza.
El licor del Longjing fresco era luminoso, limpio y expresivo. En boca aparecían capas de sabor que iban evolucionando poco a poco: dulzor, notas vegetales suaves, recuerdos de frutos secos y una textura sedosa que permanecía durante varios segundos.
Era un té lleno de energía.
El Longjing antiguo seguía siendo reconocible como Longjing. Todavía conservaba parte de su identidad. Sin embargo, parecía una versión desdibujada de sí mismo.
Los aromas eran mucho más débiles.
La dulzura había disminuido.
La complejidad era menor.
Y la sensación general resultaba más plana.
Lo más interesante es que no encontramos defectos graves. No sabía rancio ni desagradable. Simplemente había perdido aquello que hace especial a un gran Longjing.
Como ocurre con una fotografía expuesta al sol durante demasiado tiempo, la imagen seguía ahí, pero los colores se habían ido apagando.
Entonces, ¿cuánto tiempo dura realmente un té verde?
Después de esta cata comparada hemos llegado a una conclusión que los productores chinos conocen desde hace siglos:
El té verde no está pensado para envejecer.
Al contrario que algunos tés oscuros, ciertos oolong o los famosos pu-erh, los grandes tés verdes suelen alcanzar su mejor momento durante los primeros meses después de la cosecha.
Por supuesto, una buena conservación puede ralentizar el deterioro. Mantener el té protegido de la luz, el calor, la humedad y los olores externos ayuda enormemente.
Pero incluso en condiciones excelentes, la frescura va desapareciendo poco a poco.
Y eso es precisamente lo que hemos podido comprobar hoy.
La experiencia nos ha recordado algo muy importante: cuando compramos un Longjing de calidad no estamos adquiriendo únicamente unas hojas secas. Estamos comprando una fotografía líquida de una primavera concreta.
Una cosecha. Un momento. Una estación.
Y cuanto más nos alejamos de ese instante, más se difumina la imagen.
¿Se puede beber un Longjing antiguo? Por supuesto.
¿Seguirá siendo té? También.
Pero si quieres descubrir por qué el Longjing está considerado uno de los grandes tesoros de China, nuestra recomendación es sencilla: búscalo siempre lo más fresco posible.
Porque después de comparar un Longjing de temporada con otro muy antiguo, una cosa ha quedado clara:
en el té verde, la frescura no es un detalle. Es parte fundamental de su esencia.










