Pu-erh de Vietnam ahumado en bambú

Hablar de Pu-erh es hablar de uno de los tés con más historia del mundo. Su origen se encuentra en la provincia china de Yunnan, considerada la cuna del árbol del té (Camellia sinensis var. assamica), donde desde hace siglos crecen ejemplares centenarios e incluso milenarios.

Su nombre procede de la antigua ciudad de Pu’er, un importante centro comercial desde el que partían las caravanas que recorrían la legendaria Ruta del Té y los Caballos. Durante aquellos largos viajes, el té era prensado en discos, ladrillos o nidos para facilitar su transporte. El paso del tiempo, la humedad y los cambios de temperatura hacían que aquellas hojas evolucionaran lentamente, desarrollando aromas cada vez más complejos. Sin saberlo, los comerciantes habían descubierto uno de los mayores tesoros del mundo del té: un té que mejora con el tiempo.

Con los siglos aparecieron dos grandes estilos. El Pu-erh Sheng (crudo), que envejece de forma natural durante años o incluso décadas, y el Pu-erh Shou (maduro) -habitualmente conocido en occidente como Shu Pu-erh-, desarrollado en los años setenta mediante una fermentación acelerada que reproduce ese envejecimiento en mucho menos tiempo.

Pero el Pu-erh nunca ha pertenecido exclusivamente a China. Allí donde el árbol del té encontró un clima favorable, también viajaron sus conocimientos y su cultura. Y uno de los lugares donde esa tradición ha florecido con personalidad propia es el norte de Vietnam.

Cuando la tradición cruza la frontera

Las montañas del norte de Vietnam comparten geografía, clima y biodiversidad con el sur de Yunnan. En ellas crecen antiguos árboles de té y sobreviven comunidades que llevan generaciones elaborándolo siguiendo métodos tradicionales.

Nuestro Bambú Ahumado nace precisamente allí, en la región de Cao Bồ (Xuyên Hà Giang), una zona remota donde todavía se conservan bosques de árboles de té antiguos.

Su elaboración es fascinante. Tras la fermentación, las hojas se comprimen artesanalmente dentro de un tubo de bambú y posteriormente se ahúman lentamente sobre fuego de leña. El bambú no actúa únicamente como un molde: protege el té durante el proceso y aporta parte de su personalidad aromática, mientras que el humo termina de darle un carácter absolutamente inconfundible.

El resultado no es un té intensamente ahumado como podría imaginarse. Al contrario. En taza aparece una textura cremosa, con recuerdos a mantequilla, madera húmeda, humus, bosque después de la lluvia y un toque ahumado.

Es uno de esos tés que consiguen transmitir el paisaje del que proceden. Cada sorbo recuerda al bosque, al bambú, a la leña y al tiempo. Una elaboración artesanal que demuestra cómo una tradición centenaria puede evolucionar sin perder su esencia.

Cómo disfrutarlo para descubrir toda su complejidad

Este no es un té para beber con prisas. Es un Pu-erh que invita a detenerse.

Lo ideal es prepararlo con agua entre 95 y 100 ºC, utilizando aproximadamente 5 gramos por cada 100-120 ml si optamos por una preparación al estilo Gong Fu Cha, realizando varias infusiones cortas que irán revelando distintas capas aromáticas. También puede prepararse en una tetera occidental aumentando ligeramente el tiempo de infusión.

A medida que avanza la sesión aparecen nuevos matices: primero la madera y el humo; después la dulzura natural del bambú; finalmente las notas minerales y terrosas características de los grandes Pu-erh.

Además de su enorme riqueza sensorial, el Pu-erh ha sido objeto de numerosos estudios científicos que investigan su posible relación con la microbiota intestinal, el metabolismo de las grasas, la actividad antioxidante y la salud cardiovascular. Aunque muchas de estas investigaciones siguen desarrollándose y no permiten atribuir efectos terapéuticos concluyentes, sí contribuyen a explicar el creciente interés que despierta este tipo de té en todo el mundo.

En Catacata nos apasionan estos tés: aquellos que cuentan historias antes incluso de llegar a nosotros. Porque detrás de cada hoja hay un territorio, una cultura, un modo de entender el tiempo y una forma distinta de relacionarse con la naturaleza, así que gracias Cafetearte, por habernos hecho este precioso regalo.

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