Me llega de la mano de Shunan Teng de Tea Drunk, este té tan especial, que necesita ser compartido.
Hablar de un Pu’erh crudo (sheng) de Ban Po Lao Zhai, en Nan Nuo Shan, es hablar de una forma muy concreta de entender el té. No estamos ante un nombre elegido al azar ni ante una referencia geográfica decorativa. En el universo del Pu’erh, el origen importa, y mucho. Nan Nuo Shan es una de las montañas históricas de Yunnan, conocida por tés expresivos, aromáticos y con carácter, capaces de mostrar energía y delicadeza a la vez. Es una montaña que no suele ofrecer tés planos ni silenciosos, sino infusiones con voz propia.
Dentro de Nan Nuo, Ban Po Lao Zhai es una aldea concreta, asociada tradicionalmente a árboles viejos y material de mucho valor. Cuando un productor decide nombrar la aldea, está haciendo una declaración de intenciones: hay voluntad de origen, de trazabilidad y de calidad. No se trata solo de vender té, sino de contar de dónde viene y qué historia acompaña cada hoja. Este tipo de referencias suelen indicar que el té no ha sido pensado para el impacto inmediato, sino para el recorrido, para quien está dispuesto a acompañarlo con tiempo y atención.
En un mundo donde muchos tés buscan agradar rápido, este tipo de Pu’erh propone otra cosa: profundidad, identidad y coherencia. Beberlo es entrar en diálogo con un lugar concreto, con su clima, su vegetación y su forma de entender el cultivo del té.
Tipo de té y perfil sensorial
Estamos ante un sheng Pu’erh, un Pu’erh crudo, sin fermentación artificial, (diferente del Shu Pu´erh), lo que implica una evolución natural con el paso de los años. Es un té vivo, cambiante, que no se queda fijo en una sola expresión. El sheng no busca gustar fácil. Busca decir algo. Cuando es joven, puede mostrarse vibrante, incluso punzante; con el tiempo, gana redondez, capas y profundidad.
En un Ban Po Lao Zhai de este tipo suelen aparecer aromas verdes pero maduros, hojas frescas, heno, hierbas de montaña, acompañados de notas florales suaves que no dominan, pero sostienen. El amargor está presente, claro y elegante, y se transforma en dulzor a través del huigan, esa sensación de retorno dulce que aparece después y que es una de las grandes virtudes de los buenos sheng. La mineralidad y un punto resinoso aportan estructura, y la persistencia es larga, quedándose en la garganta más como sensación que como sabor.
Si el té es joven, hay nervio, frescura y movimiento. Si ya tiene algunos años, aparece más profundidad, más silencio y más integración. En ambos casos, es un té que invita a prestar atención, a escuchar lo que va contando infusión tras infusión.
Cuerpo, energía y preparación
Nan Nuo Shan suele ofrecer cha qi perceptible, una energía que no empuja ni acelera, sino que despeja, centra y sostiene. No es comparable al café. Es otra cosa. Es presencia. Una sensación que se instala de forma sutil pero firme, acompañando el momento y afinando la atención. Por eso este tipo de té pide una preparación consciente.
Si quieres sacarle verdad, la recomendación es clara: Gongfu si puedes. Agua caliente, pero no hirviendo a muerte, entre 90 y 95 grados, infusiones cortas al principio y observación real de cómo cambia de pase a pase. Es un té que evoluciona rápido, que se transforma y que no tolera bien la distracción. No es un té para beber en automático, sino para sentarte, mirar, oler, probar y dejar que haga su trabajo.
En resumen, este sheng Pu’erh de Ban Po Lao Zhai es un té de origen concreto, con identidad y con intención. Ideal si te interesa el Pu’erh como camino y no como moda, si buscas algo que no solo se beba, sino que se experimente. Un té que no se explica del todo con palabras, pero que, cuando se escucha de verdad, devuelve algo muy valioso: una forma distinta de estar presente.
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