La planta del té

Cuando pensamos en una plantación de té, es fácil imaginar colinas cubiertas por hileras armoniosas de arbustos verdes cuidadosamente recortados. Es la imagen clásica del mundo del té. Sin embargo, la realidad es mucho más diversa de lo que parece.

En la botánica y la agronomía china (país del que es originario el té desde hace más de 6.000 años), las plantas de Camellia sinensis suelen clasificarse en tres grandes tipos según su forma natural de crecimiento.

Tipo arbusto (灌木型, guànmù xíng)

Son plantas bajas, compactas y muy ramificadas desde la base. Se encuentran con frecuencia en regiones como Zhejiang, Jiangsu o Anhui, y muchos de los cultivares utilizados para elaborar Longjing pertenecen a este grupo.

Tipo semiarbóreo (小乔木型, xiǎo qiáomù xíng)

Se sitúan a medio camino entre el arbusto y el árbol. Desarrollan un tronco más definido antes de abrirse en ramas y son muy frecuentes en Fujian, Guangdong y Taiwán, regiones famosas por algunos de los oolong más apreciados del mundo.

Tipo árbol (乔木型, qiáomù xíng)

Desarrollan un tronco claro y pueden alcanzar varios metros de altura. Son característicos de Yunnan, una de las regiones con mayor diversidad genética de la planta del té y hogar de muchos de los célebres árboles antiguos utilizados para elaborar puerh.

Lo interesante es que estas categorías describen la naturaleza de la planta, no necesariamente el aspecto que tienen. Y ahí empieza una de las historias más fascinantes del mundo del té.

Cuando un árbol decide parecer un arbusto

Si nos remontamos a China, los grandes árboles de té de Yunnan son espectaculares. Algunos tienen varios siglos de antigüedad y forman parte de ecosistemas forestales que han convivido con las comunidades locales durante generaciones.

Pero existe un problema práctico: cuanto más grande es un árbol, más difícil resulta trabajar con él. La recolección requiere subir a escaleras o trepar entre las ramas para alcanzar los brotes más tiernos. El mantenimiento se vuelve más complejo y la producción es menos eficiente que en plantas de menor tamaño.

Por eso, desde hace décadas, muchos agricultores aplican una técnica conocida en China como tái yì (台刈), una poda drástica que reduce la altura de la planta y favorece el desarrollo de nuevos brotes a una altura más cómoda para la cosecha. El resultado es sorprendente. A simple vista, muchas plantas pueden parecer arbustos convencionales, aunque genéticamente pertenezcan al grupo de los árboles.

Lo que vemos en una plantación no siempre refleja la verdadera naturaleza de la planta. A veces, detrás de una silueta pequeña y ordenada se esconde una historia mucho más antigua de lo que imaginamos.

El gran malentendido sobre el pu-erh

Existe una idea muy extendida en el mundo del pu-erh: si una planta es baja, entonces debe ser un arbusto. La realidad es bastante más compleja. Para entender una planta de té hay que diferenciar dos conceptos fundamentales:

La genética: que determina aspectos como el patrón natural de crecimiento de la planta, determinadas características de sus hojas y parte de su potencial aromático.

El manejo agrícola: que se refiere a la poda, la forma de cultivo, la edad de la planta, el suelo y las condiciones del entorno , todas ellas influyen en cómo la vemos y en cómo se desarrolla a lo largo del tiempo.

Por eso, en las montañas de Yunnan es posible encontrar plantas relativamente bajas que proceden de material genético arbóreo y que han sido podadas durante décadas para facilitar la cosecha.

Y hay algo más importante todavía. Que una planta sea arbórea no significa automáticamente que produzca un té mejor. Algunas de las variedades más prestigiosas de China pertenecen al grupo arbustivo. Simplemente estamos hablando de estrategias de crecimiento diferentes.

La próxima vez que observes una plantación de té, recuerda que las apariencias pueden engañar. A veces estarás mirando un arbusto. Y otras estarás ante un árbol que lleva años, o incluso generaciones, disfrazado de arbusto.

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